4/05/2015

Sueño de una noche de otoño.

Anoche soñé contigo. Yo buscaba una casa donde vivir, donde pertenecer y tú dejabas la tuya. Demasiado espacio para un corazón estepario. Tu casa era la ultima de un callejón que daba a un acantilado pero por lo mismo tenia una vista majestuosa hacia sur y el poniente. Cuando llegamos a ella, no recuerdo si saliste a recibirnos o te encontré dibujando en alguna parte de la casa como creo que sueles hacer. Pero comenzaste a mostrarnos aquellas habitaciones, pasillos de madera y tan altas, como las viviendas de antaño. A rato te perdías entre las habitaciones y los colores del día que atravesaban por la ventana y que pronto comenzaron a menguar con el atardecer que se aproximaba.
De pronto nos vimos tomando juntos, una taza de café. Yo por alguna razón, tal vez narrando alguna anécdota, comencé a contar en voz alta y utilizando las manos. Nunca he sido bueno con los números y cálculos. Tú me miraste un rato sonriendo y me mencionaste que te gustan mis manos. Yo creo que sólo atiné a sonreír y mirarlas un rato para confirmar que seguían ahí. A veces lo obvio, no lo es para todos...
Al rato, veo por la ventana los últimos rayos de sol y el viento se levanta...


"Le vent se lèvel
il faut tenter de vivre"
"El viento se levanta,
debemos intentar vivir"

Te intento buscar afuera de la casa, sé que estás en el jardín que se extiende hasta ese imponente acantilado, ahí te encuentro de espaldas sobre la hierba oscura mirando al cielo que no tarda en invitar a las estrellas a salir. Me pongo de espaldas a tu lado y miro contigo el firmamento, y en ese preciso instante la vida se hace eterna. No recuerdo si tuvimos el valor de tomar nuestras manos, pero si tengo clara una mirada gentil perdiéndose en el horizonte. 
Los últimos rayos de sol se pierden en el acantilado donde golpean con estruendo las olas. Caminamos de vuelta a tu casa, conversando, riendo y de manera inexplicable nos alcanzan las olas a nuestros pies. Lo que es extraño puesto que la marea no puede subir tanto, en especial si recordamos que estamos sobre un acantilado. Estoy comenzando a comprender que esto es (solo) un sueño.

Ya la noche se cierne sobre este mundo y ya no puedo recordar si vuelvo a tu casa y si me quedaré contigo. No recuerdo el sabor de una cena de vuelta, ni el calor ni el brillo de una habitación. La oscuridad solo se disipa al ver el cielo raso de mi habitación. Aún no amanece pero la ventana anuncia la llegada de otro día. Yo, con la mirada perdida sonrío esperando encontrarte otro día, aunque sea en sueños... Mientras el viento se levanta a este lado del mundo y las hojas del otoño bailan queriendo volar, tal vez para alcanzar las estrellas que contemplamos juntos o tal vez lo hacen en honor, para hacerle justicia a ese instante insondable. 

1 comentario:

sofia martínez dijo...

¡Muy acertado pensamiento! La vida es tan maravillosa.